Comunicación, compromiso con la igualdad y proyección internacional son algunas de las claves que marcan la trayectoria de Alicia Suárez Hulton al frente de la estrategia comunicativa de la Ópera de Oviedo. Desde su incorporación a principios de la década de 2010, su labor ha sido determinante para modernizar la imagen de una institución con casi sesenta años de historia ininterrumpida.
En eventos como «Mujeres en la música», ha destacado la importancia de facilitar el acceso de las mujeres a puestos de dirección. ¿Qué acciones concretas ha tomado la Ópera de Oviedo en este sentido?
Nuestro director general, Celestino Varela, tiene una línea de gestión que siempre reserva espacio a las oportunidades, tanto para los jóvenes talentos, para los grandes cantantes nacionales y asturianos, y para los valores musicales con nombre de mujer. Tradicionalmente, los roles directivos en la escena y la música han estado mayoritariamente reservados para los hombres. En la escena poco a poco se han integrado nombres de mujeres de enorme creatividad e intelecto que complementan la visión de las obras desde puntos de vista nuevos. En la ópera, en obras creadas hace 400 y 500 años, hay grandes papeles protagonistas de mujeres audaces, inconformistas y revolucionarias que hasta hace muy poco habían estado moldeadas para el público solo por hombres.
Y en el podio, la incorporación de la mujer está siendo más lenta, pero irá ganado su espacio. Es un terreno que se está conquistando y eso debe alegrarnos, porque vendrán propuestas y miradas distintas que darán nuevas perspectivas a títulos eternos. La Ópera de Oviedo presentó hace tres años su primer tándem femenino de dirección escénica y musical para construir un proyecto nada menos que alrededor del libertino Don Giovanni, con las propuestas de Elena Mitrevska y Marta Eguilior en el podio y la escena. Y nuestra temporada cada vez está más equilibrada en ese sentido. Recordemos también que la orquesta Oviedo Filarmonía es la agrupación española con más mujeres en plantilla.
¿Hay alguna figura en el mundo de la cultura, dentro o fuera de la ópera, que le haya influido especialmente en su trayectoria profesional o visión de la comunicación?
Tengo muchísimos referentes, ya desde la carrera, cuando leía con auténtica devoción a referentes como Maruja Torres o Carmen Martín Gaite. Era otra época, sin la inmediatez y disponibilidad actual. Coleccionábamos los suplementos dominicales como si fueran textos sagrados y pirábamos clases para escuchar a Xardá (Javier) en “La ventana”.
Creo mucho en mi profesión, en el Periodismo que se ejerce con rigor, precisión, creatividad y respeto absoluto por la verdad y la riqueza de nuestra lengua. El buen Periodismo, así como una buena propuesta teatral, nos hace reflexionar, nos acerca a la verdad, nos proporciona lucidez y libertad, nos agranda la vida. Cierto que hoy vivimos tiempos muy extraños. Y nada funciona si perdemos el entusiasmo.
¿Cómo contribuye la Ópera de Oviedo a proyectar la imagen de la ciudad dentro y fuera de Asturias?
A la temporada vienen cada año decenas de artistas de distintas procedencias. Se quedan cuatro o cinco semanas viviendo la región a fondo. Siempre se enamoran del teatro, de la ciudad, del paisaje, de la gastronomía, de la gente, y cuando acaba su título se va un cantante que siempre quiere volver y que ya es embajador de la asturianía. Otro aspecto es que todos los años coproducimos con otras temporadas. Hemos compartido la titularidad de montajes, e incluso premios internacionales, con teatros como la English National Opera, la Deutsche Oper Berlin, el Municipal de Santiago de Chile, entre muchos otros, y nuestras producciones han sido vistas en Washington, Bruselas, Tel Aviv, Toulouse, Lausanne y por supuesto en muchos rincones de España, a donde llega el nombre de Oviedo como centro de creación cultural.
Hemos hecho proyectos con muchos teatros europeos a través de Opera Europa, la organización de teatros líricos de Europa a la que pertenecemos… podría darle muchos ejemplos. La cantera y tradición musical de nuestra ciudad ha proyectado a numerosos cantantes al circuito lírico internacional, tenemos personalidades de la escena con fama mundial como Emilio Sagi y actualmente cinco instituciones operísticas de máximo nivel en España están dirigidas por asturianos. Y luego está nuestro público, claro. Tenemos abonados de muchos lugares de España e incluso mecenas convencidísimos de nuestra actividad que viajan a Oviedo desde Chicago para ver ópera en el Campoamor.
¿Cómo ve el futuro de la ópera en España y qué papel cree que puede desempeñar la Ópera de Oviedo en ese contexto?
Lo veo sólido y cada vez más necesario. Los teatros y temporadas han hecho un gran trabajo por incorporarse al modelo actual de consumo de cultura y entretenimiento. Y han sido pioneros en la modernización de su oferta, en mantener viva y atractiva la maravillosa experiencia del directo y en competir a gran nivel con las plataformas streaming. Todos tienen programas de captación de nuevos públicos y el esfuerzo de los programadores y programadoras por contagiar la pasión por la ópera es evidente.
Quiero en este punto recordar que en el año COVID, España fue el único país del mundo que mantuvo los teatros abiertos al público. Nunca la cultura fue tan refugio como en aquella época. Eso tiene que ser el teatro, un espejo donde mirarnos y reconocernos. Donde comprender lo que nos sucede y sentimos. Donde mantener activas nuestras mentes. Un lugar en el que vivir y emocionarnos juntos, compartiendo y disfrutando de creaciones tan perfectas y conmovedoras que perduran siglos.
Y finalmente, si pudiera enviar un mensaje a quienes aún no se han acercado nunca a la ópera, ¿qué les diría para invitarles a descubrirla?
Que es una experiencia única que no olvidarán jamás. Y esto lo digo con conocimiento de causa: he visto a mucho escéptico aficionarse sin límite. Que no hace falta ser un experto ni tener una especial formación musical para que te apasione y te emocione. Y que se acerquen con la convicción de que van a descubrir un espectáculo total, donde tiene cabida el teatro, la música, la literatura, la historia, nuestra Historia; el diseño de vestuario, la videocreación, la danza… todas las disciplinas y todos los saberes. Que es un auténtico disfrute escuchar las voces líricas en vivo.
Y en un plano más práctico, que un abono no es tan caro como algunos creen, que tenemos políticas de descuentos y precios último minuto con butacas a quince euros, y abonos especiales para jóvenes que equiparan la experiencia al gasto mismo de ir al cine. Que no hay excusas. Solo les digo que se atrevan a descubrirla. Les enamora seguro.

